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Diseñar desde la percepción del mundo de quien habita el espacio

Diversidad no es solo una conversación social. Es también una conversación sobre espacios. Sobre cómo el entorno construido afecta de forma distinta a cada...

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Diversidad no es solo una conversación social. Es también una conversación sobre espacios. Sobre cómo el entorno construido afecta de forma distinta a cada persona según cómo procesa el mundo. Y sobre por qué el diseño de interiores lleva décadas ignorando ese hecho.

El espacio regula el sistema nervioso

La mayoría de las personas no relaciona cómo se siente en casa con las decisiones de diseño que hay detrás. Y sin embargo, el entorno físico influye directamente en el estado del cuerpo y de la mente. La temperatura de la luz regula la producción de melatonina y condiciona la calidad del sueño. El ruido de fondo sostenido mantiene el cuerpo en estado de alerta sin que se perciba conscientemente. La calidad del aire interior afecta a la concentración y a la energía disponible — un vínculo documentado por la Harvard T.H. Chan School of Public Health en sus estudios sobre edificios y función cognitiva. Los materiales en contacto con la piel favorecen o dificultan la relajación. No son detalles decorativos. Son variables que determinan cómo se descansa, se piensa y se siente quien habita ese espacio cada día.

Más allá del diagnóstico

El 20% la población es neurodivergente — autismo, TDAH, alta sensibilidad — pero la diversidad sensorial abarca mucho más. El estado emocional, los ritmos cotidianos, la carga acumulada del día... todo modifica la forma en que cada persona experimenta su hogar. Un espacio que no contempla esa realidad puede ser visualmente impecable y seguir sin funcionar para quien lo habita.

Diseñar desde la diversidad es hacer preguntas distintas

Antes de elegir materiales, colores o mobiliario, un diseño neuroconsciente pregunta cómo se vive el espacio a lo largo del día: qué genera sobrecarga, qué favorece el descanso, qué permite la concentración, cómo se transita el espacio desde la mañana hasta el descanso nocturno. Las respuestas se traducen en decisiones precisas — iluminación regulable en intensidad y temperatura de color, materiales de bajas emisiones y tacto amable, zonas diferenciadas por función y nivel de estímulo, circulaciones que reducen la toma de decisiones inconsciente, acústica que protege sin aislar.

Diseñar desde la diversidad sensorial es reconocer que habitar bien un espacio es una experiencia distinta para cada persona. Y que un hogar que contempla esa singularidad no es un hogar especial. Es, sencillamente, un hogar mejor.

Marina Herrero es fundadora de Studio Donna Design, estudio de interiorismo en Madrid que pone el bienestar de las personas en el centro de cada proyecto.

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