Larraga, Arguedas, Lekunberri, Ayegui y Lumbier. Cinco localidades navarras, cinco merindades, y un hilo conductor: el chocolate. Desde noviembre de 2025, la Ruta del Chocolate Justo ha recorrido el mundo rural navarro con una propuesta que va mucho más allá de la degustación, convirtiendo las bibliotecas públicas locales en espacios de reflexión sobre deforestación, trabajo infantil y comercio ético.
La iniciativa, impulsada por SETEM Navarra-Nafarroa junto a Proclade Yanapay y Pueblos Hermanos, ha apostado en esta edición por alejarse de los núcleos urbanos. Y la apuesta ha funcionado. "Uno de los elementos más valorados ha sido la decisión de llevar la Ruta a localidades más pequeñas, donde la oferta de actividades culturales y de sensibilización es más reducida", señalan desde la organización.
Ecuador en directo desde una biblioteca navarra
Durante tres semanas en cada localidad, las visitas guiadas a la exposición han dado paso a uno de los momentos más destacados de la Ruta: las catas de chocolate. El público ha podido degustar variedades procedentes de Haití, Ecuador y Madagascar acompañado, en directo desde Ecuador, por Alfredo Villavicencio, cacaocultor de la cooperativa Maquita. Una conexión que ha puesto cara y voz a quienes cultivan el cacao, acortando simbólicamente la distancia entre el productor y el consumidor.
La dimensión educativa ha tenido también un peso importante. Las actividades para niños y niñas han abordado el origen del cacao y las problemáticas de su producción a través del kamishibai El Chocolate Mágico y dinámicas cooperativas, mientras que el club de lectura adulto —una de las novedades de esta edición— ha girado en torno a Cacao, la novela de Jorge Amado. Las conversaciones generadas en esos encuentros han establecido paralelismos entre la explotación que describe el libro y las condiciones que siguen existiendo hoy en las cadenas de producción del cacao. Como resumió una participante, se trata de un libro "txikito pero matón".
24 comercios y más de 5.000 chocolatinas
La Ruta ha movilizado también al tejido comercial local. Un total de 24 pequeños establecimientos han colaborado en la difusión del proyecto, distribuyendo más de 5.000 cartoncitos con una chocolatina que invitaban a participar en el sorteo de una cesta de Comercio Justo expuesta en cada biblioteca. Una fórmula que ha logrado vincular consumo responsable, comercio de proximidad y participación ciudadana de forma coherente con los valores del proyecto.
Desde los ayuntamientos y las bibliotecas participantes se ha subrayado el valor añadido de llevar este tipo de iniciativas al entorno rural, no solo por sus contenidos, sino por su capacidad para dinamizar la vida local y generar espacios de encuentro en municipios donde estas oportunidades escasean.
De cara a 2026, con mirada de género
La valoración de los organizadores es muy positiva y ya piensan en la siguiente edición. Entre las mejoras previstas, se contempla incorporar a una persona especialista en chocolate para enriquecer las catas, mejorar los materiales expositivos para ofrecer una experiencia más directa con el producto, e introducir una mirada específica sobre el papel de las mujeres agricultoras, en el marco de 2026 como Año de la Mujer Agricultora.
Una ruta que, edición tras edición, demuestra que hablar de comercio justo puede hacerse desde lo cercano, desde lo cotidiano, y desde un trozo de chocolate.





