La OCDE señala la falta de habilidades pedagógicas del profesorado como palanca central; instituciones de acreditación como EASEC plantean que esa brecha necesita, además de formación, verificación externa.
Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el pasado 8 de septiembre, sitúan a España por debajo de la media en las tres materias evaluadas, con una caída de 23 puntos en lectura respecto a 2022, la más pronunciada de las tres competencias medidas.
La OCDE publicó el 8 de septiembre los resultados de PISA 2025, la evaluación educativa comparativa más amplia del mundo, aplicada en este ciclo a más de 760.000 estudiantes en 91 sistemas educativos. España obtuvo 477 puntos en ciencias (media OCDE: 482), 451 en lectura y 457 en matemáticas. El descenso en lectura, 23 puntos menos que en 2022, es el más acusado de los tres ámbitos evaluados y uno de los más pronunciados entre los países del estudio. En matemáticas el retroceso fue de 16 puntos, y en ciencias, de 7.
El informe confirma que el fenómeno no es aislado: el compromiso del estudiantado con el aprendizaje descendió en 60 de los 91 sistemas educativos desde 2022, sin que ningún sistema registrara mejora, algo que la OCDE describe como un fallo estructural y no como un efecto residual de la pandemia.
La pedagogía, en el centro de la recomendación de la OCDE
En su prólogo al informe, el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, señala dónde está la palanca principal: el profesorado necesita habilidades pedagógicas sólidas, no solo conocimiento de la materia, con capacidad práctica para explicar con claridad, gestionar un aula y mantener motivados a los estudiantes. Cormann añade que los recursos deben distribuirse según la necesidad, con especial atención a los centros en desventaja, y que la inteligencia artificial en el aula debería emplearse de forma acotada, como apoyo a la retroalimentación y la práctica personalizada, sin sustituir el esfuerzo de aprendizaje del estudiante.
En España, esta advertencia tiene un correlato concreto: solo el 20,1% del estudiantado asiste a centros sin escasez de profesorado, frente al 28,8% de la media en la OCDE.
Saber la materia y saber enseñarla: dos competencias distintas
Que un docente domine una materia y que sepa enseñarla son dos competencias diferentes, y la investigación educativa lleva años documentando esa distinción. El académico John Hattie, autor de una de las mayores síntesis de investigación sobre eficacia educativa realizadas hasta la fecha, identificó la credibilidad percibida del docente como uno de los factores con mayor impacto medible en el aprendizaje del estudiantado. Esa credibilidad no depende del título colgado en la pared, sino de lo que el estudiantado observa en el aula: claridad expositiva, retroalimentación específica y capacidad de mantener a la clase enfocada y motivada.
El problema es que casi ningún sistema de aseguramiento de la calidad educativa audita esa dimensión. Las acreditaciones actuales revisan planes de estudio, resultados de aprendizaje y titulación del profesorado, pero no verifican si quien está frente al curso posee, de forma comprobable, las habilidades prácticas de enseñanza que la propia OCDE señala como determinantes. Es una brecha silenciosa: se mide lo que se enseña, pero no si quien enseña sabe hacerlo.
Frente a esa brecha, instituciones de acreditación como EASEC (European Accreditation of Soft Skills & Employability Competencies) plantean que la respuesta pasa por añadir una capa de verificación externa a la formación pedagógica: no basta con formar al profesorado, es necesario que pueda demostrar, con evidencia comprobable, que posee esas habilidades prácticas.
La valoración de EASEC
"El propio secretario general de la OCDE lo plantea con claridad: no basta con que un docente domine su materia, tiene que poder demostrar que sabe enseñarla. Hoy esa distinción casi no se verifica en ningún sistema de aseguramiento de la calidad. En EASEC trabajamos esa lógica a través de nuestras certificaciones profesionales para docentes, junto con certificaciones equivalentes para quienes guían la orientación vocacional de los estudiantes y para quienes gestionan el bienestar estudiantil", señala Isaías Sharon, director de Relaciones Institucionales de EASEC.
"La pregunta es la misma en cada rol: no qué título tiene la persona, sino qué es capaz de demostrar que sabe hacer. Estamos abiertos a conversar con centros educativos y administraciones que quieran explorar cómo aplicar esta lógica de verificación a su propio profesorado", añade Sharon.
Sobre EASEC
EASEC (European Accreditation of Soft Skills & Employability Competencies) es una institución europea de acreditación especializada en la certificación de competencias transversales y de empleabilidad. Entre sus líneas de trabajo, EASEC ofrece certificaciones profesionales dirigidas al profesorado, así como a los equipos de orientación vocacional y bienestar estudiantil, con el objetivo de aportar evidencia externa y verificable de las habilidades prácticas que estos roles requieren, más allá de la titulación académica.










