Horas al volante, cambios de luz, aire acondicionado, pantallas y lectura durante los trayectos hacen que la fatiga ocular sea una de las consecuencias más frecuentes —y menos conocidas— de los desplazamientos estivales. Aunque suelen ser síntomas leves y transitorios, desde Laboratorios Boiron recuerdan que adoptar medidas sencillas de prevención y prestar atención al confort ocular puede ayudar a disfrutar de una mejor recuperación tras las vacaciones
La vuelta de vacaciones se asocia al cansancio acumulado de los kilómetros recorridos, la carga de las maletas o las largas horas de viaje. Si embargo, hay otra parte del cuerpo que también llega agotada a casa y a la que pocas veces se presta atención: los ojos. Desde Laboratorios Boiron recuerdan que los desplazamientos estivales someten al sistema visual a un esfuerzo continuado de adaptación, por lo que es frecuente experimentar molestias como sensación de cansancio, sequedad, irritación o dificultad para mantener el enfoque al finalizar el viaje. Aunque suelen ser síntomas leves y transitorios, adoptar medidas sencillas de prevención y prestar atención al confort ocular puede ayudar a disfrutar de una mejor recuperación tras las vacaciones.
Ya sea conduciendo hasta la playa, enlazando vuelos para una escapada o aprovechando un viaje de tren para terminar un libro o ponerse al día con las series pendientes, durante el verano los ojos trabajan mucho más de lo que uno se imagina. La visión es uno de los sistemas sensoriales que más información procesa durante un desplazamiento. Tanto conductores como pasajeros mantienen una elevada demanda visual durante horas, obligando a los ojos a realizar constantes procesos de acomodación, enfoque y adaptación a condiciones cambiantes del entorno. Esta sobrecarga funcional puede traducirse en síntomas como sensación de ojos cansados, pesadez palpebral, visión borrosa transitoria, dificultad para mantener el enfoque, lagrimeo, escozor o sensación de cuerpo extraño.
"Durante los desplazamientos estivales, la atención suele centrarse en la seguridad vial o en el cansancio físico, pero con frecuencia se pasa por alto el esfuerzo al que sometemos a nuestros ojos", comenta Sylvaine Balmy, farmacéutica y responsable científica de Laboratorios Boiron. "Sensación de ojos cansados, pesadez palpebral, visión borrosa transitoria, dificultad para mantener el enfoque, lagrimeo, escozor o sensación de cuerpo extraño son molestias que muchas personas identifican simplemente como cansancio general, cuando en realidad existe una auténtica fatiga ocular detrás de ellas".
El viaje perfecto... para cansar la vista Durante un desplazamiento, los ojos están expuestos a múltiples factores ambientales que modifican las condiciones habituales de la superficie ocular.
Uno de ellos es el ambiente. En un avión, la baja humedad, un 20% inferior a lo normal, favorece que la lágrima se evapore con mayor rapidez, provocando sensación de sequedad e irritación. En el coche ocurre algo parecido cuando el aire acondicionado incide directamente sobre el rostro durante horas. Incluso los cambios bruscos entre el calor del exterior y el ambiente climatizado del vehículo obligan a los ojos a realizar un esfuerzo constante de adaptación.
A esto se suma un gesto muy habitual: aprovechar el trayecto para mirar el móvil, leer una novela, responder mensajes o ver una película. Mantener la atención sobre una pantalla o un libro mientras el vehículo está en movimiento obliga a los ojos a reajustar continuamente el enfoque para compensar las vibraciones y desplazamientos, incrementando el cansancio visual. Además, durante la concentración en pantallas o libros disminuye de forma involuntaria la frecuencia del parpadeo, que puede reducirse hasta un 50%. Este descenso dificulta la correcta distribución de la película lagrimal y favorece la aparición de sequedad, irritación y sensación de cansancio ocular.
Y si se habla de conducción, la exigencia es todavía mayor. Según datos de la DGT, el 90% de las decisiones al volante dependen de la visión, por lo que calcular distancias, interpretar señales, vigilar los retrovisores o anticipar los movimientos del resto de vehículos requiere mantener una atención visual constante durante largos periodos de tiempo. A esta carga cognitiva se suma la necesidad de realizar cambios continuos del enfoque visual entre diferentes distancias: carretera, retrovisores, cuadro de instrumentos, navegador o salpicadero. Estos movimientos repetidos exigen un trabajo constante del sistema acomodativo y pueden favorecer la aparición del cansancio visual al finalizar el trayecto
La luz también agota Durante un viaje por carretera es habitual alternar zonas de sombra con plena exposición solar, atravesar túneles, circular al amanecer o al atardecer o enfrentarse al deslumbramiento provocado por el reflejo del sol sobre el asfalto. Estas situaciones obligan a la pupila y a la retina a reajustarse de forma constante.
En los desplazamientos nocturnos, el contraste entre oscuridad ambiental y los faros de otros vehículos puede incrementar la sensación de fatiga ocular, especialmente tras varias horas de conducción. Un informe de la DGT refuerza esta afirmación señalando que la conducción prolongada puede producir fatiga visual y visión borrosa, especialmente en trayectos largos y de noche.
En el caso de los pasajeros, el uso continuado de dispositivos electrónicos añade otra fuente de estímulo lumínico, con cambios repetidos entre la iluminación ambiental y la emitida por las pantallas.
Cinco gestos para ayudar a los ojos a superar el síndrome postvacacional Tras varios días (o incluso semanas) de desplazamientos, cambios de entorno y mayor exposición a pantallas, es habitual que los ojos necesiten un tiempo para recuperar su confort habitual.
Descansar la vista de las pantallas.- La vuelta al trabajo suele implicar muchas horas frente al ordenador. Aplicar la regla 20-20-20 (cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a un punto situado a unos 6 metros de distancia, equivalente a 20 pies) ayuda a relajar el esfuerzo de enfoque.
Mantener una buena hidratación.- Beber suficiente agua contribuye al bienestar general y favorece el equilibrio de la superficie ocular, especialmente si durante las vacaciones los ojos han estado expuestos al sol, al viento o al aire acondicionado.
Parpadear de forma consciente.- Cuando se trabaja con dispositivos electrónicos tendemos a reducir la frecuencia del parpadeo, lo que favorece la evaporación de la película lagrimal y aumenta la sequedad.
Procurar descansar adecuadamente.- El sueño es uno de los principales aliados para la recuperación de la función visual. Dormir las horas necesarias ayuda a reducir la sensación de pesadez ocular y permite que la superficie del ojo se recupere tras jornadas de elevada exigencia visual.
Cuando la incomodidad es leve y están relacionadas con la fatiga ocular o factores ambientales, existen soluciones específicas que ayudan a aliviar estos síntomas y recuperar el confort visual. Euphralia, solución oftálmica utilizada como limpiador ocular de Laboratorios Boiron, está especialmente pensada para aliviar la sequedad ocular leve y en caso de fatiga visual. Su fórmula combina extractos de Euphrasia officinalis y Calendula officinalis, conocidas por sus propiedades calmantes, junto al carbonato de magnesio, que contribuye a equilibrar la composición de la lágrima. Además, Euphralia no contiene conservantes y puede utilizarse desde el primer año de vida.
No ignorar las molestias si persisten. Si el escozor, la irritación, la sensación de sequedad o el cansancio visual continúan varios días después de la vuelta, conviene consultar con un profesional sanitario para descartar otras alteraciones.






