Berriozar exhumará los restos de cinco fusilados del Fuerte de Ezkaba

El pleno del ayuntamiento aprobó ayer por unanimidad la exhumación de los restos de cinco fusilados de la fuga del Fuerte de Ezkaba, en 1938, en una fosa común del casco antiguo de Berriozar.

El proyecto, impulsado por el Consistorio, se llevará a cabo a través de la sociedad Aranzadi, que ha presentado un plan arqueológico documentado por el investigador Fermín Ezkieta Yaben. Aranzadi, que ya intervino en un proyecto similar en Elía promovido por el Ayuntamiento de Egüés, prevé llevar a cabo los trabajos entre marzo y abril. El objetivo es recuperar los restos óseos y entregarlos a los familiares. Fuentes municipales explican que la actuación se lleva a cabo ante la “inacción” de quien según la Ley de Memoria aprobada en el Parlamento Foral en 2013 está obligado a ello, es decir, el Gobierno de Navarra.

En dicho paraje, conocido como Camino del Agua, en la ladera sur de Ezkaba, se colocó una placa el año pasado a cargo de la asociación Ahastuak y el Ayuntamiento de Berriozar. El caso se encuentra recogido en el mapa de fosas de Navarra.

Los cinco fusilados y “clandestinamente enterrados” en este paraje, son parte de los 206 fugados ejecutados durante la gran evasión, que fueron enterrados en los mismos lugares de su ejecución, mayoritariamente por el vecindario de cada pueblo, señala Ezkieta. En el caso de Berriozar, un informe de la Guardia Civil de 6 de junio de 1938 permite “muy probablemente” identificar a uno, José Varona Clemente, escribiente de 25 años, de Pancorbo, Burgos. “Son escasos los fugados que se aventuran a bajar hacia la ciudad, en su vertiente sur. Algunos supervivientes en la gran fuga recuerdan que hubo quien, desconociendo que se trataba de una evasión, no una amnistia carcelaria, se presentó en la estación de ferrocarril para regresar a su casa”, detalla en su relato histórico.

Allí se encontraban Margarita E. (1916) y María G. (1916) -vecinas del viejo Berriozar- esa tarde del 22 de mayo. Había menos arbolado y luz suficiente para permitirles ver algún fugado ladera abajo. Ya en casa, escucharon el revuelo de militares y Guardia Civil. Al día siguiente no hubo escuela. Ese lunes, un día de mucho frío que dice Margarita, el centro escolar recibió a cuatro fugados, al parecer, capturados en Artica. Al día siguiente, acompañados, a título de confesor, por el párroco de Ainzoain fueron conducidos al término de Esparceta, unos cinco metros por encima del llamado Camino del agua, que recibía ese nombre por la conducción que elevaba el agua de manantial desde el pueblo a la fortaleza desde sus inicios, y allí ejecutados. Hoy un monolito colocado por Ahastuak guarda su memoria…”, abunda Ezkieta. “Un vecino del pueblo se hizo con la chaqueta de uno de los infortunados con alguna documentación y fotos, por la que pudieron saber que era de Pamplona, domiciliado en la calle Jarauta y que trabajaba en un comercio de la ciudad”, agrega. A los cuatro fusilados se sumará una semana más tarde otro fugado, capturado en Elkarte.

Hubo 10 fugados navarros ejecutados; 4 vivían en Pamplona: Vicente San Martín (muere en Agorreta); Pablo Redín (en Antxoritz). Los otros dos son Saturnino Ichaso Bea, natural de Zolina, pero domiciliado en Jarauta 79, que en su ficha penitenciaria se cita como mozo de almacén y Joaquín Ibáñez Elduayen, que vivía en la calle Descalzos 28, trasera a Jarauta, y que figura en el Libro de Registro del Fuerte como dependiente, concluye Ezkieta.

Fuente: Diario de noticias

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