Durante un evento en la Casa Blanca sobre atención sanitaria rural, Donald Trump escaló su retórica sobre Groenlandia al declarar que "podría poner un arancel a los países si no van con lo de Groenlandia, porque necesitamos Groenlandia para la seguridad nacional". La amenaza llega en un momento de alta tensión transatlántica, coincidiendo con la visita de una delegación bipartidista del Congreso estadounidense a Copenhague para rebajar el tono con líderes daneses y groenlandeses, que rechazan frontalmente cualquier anexión o control exterior.
Trump ha insistido en que cualquier alternativa a un dominio estadounidense del territorio ártico es "inaceptable", argumentando amenazas rusas y chinas pese a que Groenlandia ya está bajo el paraguas de la OTAN como parte de Dinamarca. Países europeos como Francia han respondido enviando tropas para ejercicios militares en la isla junto a fuerzas danesas, noruegas y suecas, una maniobra que Macron ha calificado de apoyo a la soberanía groenlandesa y que podría ahora atraer represalias arancelarias desde Washington.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha minimizado el impacto de tales despliegues militares europeos, afirmando que "no influirán en la toma de decisiones del presidente sobre Groenlandia". Mientras, el enviado especial de Trump, Jeff Landry, ha expresado optimismo sobre un posible acuerdo en marzo con Dinamarca, respaldado por el secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente JD Vance. Sin embargo, el ministro danés de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, ha calificado de "totalmente inaceptable" cualquier "conquista" de la isla, dejando claro que persisten "desacuerdos fundamentales".
Esta bravuconada arancelaria revive la táctica proteccionista de Trump, usada previamente contra aliados en temas como el comercio farmacéutico o Irán, y genera alarma en Europa por sus implicaciones legales y el precedente que establece en la OTAN. La Casa Blanca no ha detallado países objetivos ni la base legal para tales medidas, pero el eco en Groenlandia es profundo, donde los líderes locales ven en Washington la mayor amenaza a su autonomía.





